... ¿¿¿Y ahí dentro cabe una silla???
Jueves: de 9 a 21 en Calumno, intentando finiquitar el #@!! trabajo de marketing, con las supernenas 2.0. Mientras, Niko recoge una "flagoneta" de alquiler en el aeropuerto y vuelve corriendo a casa para no perderse la semifinal de Eurovisión... Yo llego más tarde y me incorporo. Decepción, porque Bélgica, con un número muy rollo Earth, Wind and Fire, no pasa a la final, pero bueno, era de esperar, visto lo visto. El resto de nuestros favoritos sí pasaron.Viernes, madrugón. Recogemos equipaje de batalla y nos piramos. La "flagoneta" resulta ser un monstruo enorme. El asunto de alquilarla tan grande era para asegurarnos de que cabía un colchón de 1.60x2.00 metros, pero en esta cabrían hasta 4 elefantes pequeñitos, fijo. Parecía un tanque... Salimos. En la carretera, una nueva visión desde lo alto proporciona una perspectiva muy diferente.
El primer contratiempo: hora y pico de retención por un accidente entre Vinaroz y La Ràpita. Nos toca salir de la autopista, recular, ir un rato por la nacional, y retomar más adelante la autopista. Segundo contratiempo: a la altura de Castelldefels, carril único, no se sabe porqué. Pague usted autopistas para esto, ni información, ni asistencia, ni reclamación que valga. Total, que llegamos a L'Hospitalet con muchísimo retraso.
El asunto de Sagunto de ir un viernes es porque los viernes en L'Hospitalet, día del dormitorio, si vas en pijama te descuentan un 50% en colchones... O.o hasta las 13... Total, aun habiendo previsto llegar a las 11, llegamos a las 12.30, así que toca encasquetarse el pijama deprisa y corriendo (yo me escaqueé), entrar en la megalopólica nave, buscar la sección de dormitorios, y elegir un colchón a la carrera. Por 300€ de ahorro, es obvio que merece la pena pasarte un par de horas haciendo el ridículo por un gran almacén en pijama, y Niko lo hizo, que para eso era su colchón... Os aseguro que no éramos lo más llamativo de la fauna y flora que se podía ver allí...

Comemos, y por la tarde seguimos la ruta. Conscientes de que el retraso de la mañana nos acumulaba problemas, y que tendríamos que correr los 100 metros lisos por la tarde, decidimos prolongar la visita al sábado, cosa que no estaba prevista. Ampliamos el alquiler del tanque un día más, y nos intentamos relajar mientras saqueamos de todo: estanterías, cómodas, muebles para la cocina, alguna lámpara, almohadas, edredones, una silla de estas ergonómica de oficina muy chula... en fin... Ya sabemos, Ikea es la Meca de las modernas. Está lleno de gente variopinta, que curiosea, algunos con más dirección orientativa, otros más en plan broadcast. Todo muy moderno y muy hágaselo-usted-mismo, pero poquísimo personal para atender dudas y aclaraciones. ¿Así es como se compra en la actualidad? Yo, ingenuo, mi primera vez en Ikea. Esperaba más, después de todo lo que me habían contado. No todo es tamaño. No todo va a ser follar, como ya dije una vez.
A última hora, vamos a la Nave. Y allí se me revela la Verdad. Ellos le llaman el Autoservicio. Pero es una
nave enorme, con pasillos enormes flanqueados por estanterías rascacielícas llenas de pallets, repletos de paquetes todos iguales: planos y alargados, de cartón marrón. Ocultan su contenido por completo, por lo que la única guía para no llevarte gato por liebre, o lo que es lo mismo, coger una mesa de comedor de nogal en lugar de tu estantería blanca de abedul y sólo darte cuenta de ello una vez estés en casa a 300 km de distancia, es haberte apuntado MUY BIEN los pasillos y las secciones, y a ser posible las referencias, y por supuesto cruzar los dedos. Y entonces lo comprendo todo. Es físicamente imposible que mi madre, por ejemplo, compre en Ikea. Y de hecho, habría sido francamente difícil ir solo. Hacen falta dos personas, al menos, y que una de ellas tenga una buena voluntad de hierro, para cargar con los paquetes desde el pallet al carro. Algunos pesaban sus 40 kilitos, y la forma los hace poco manejables. Lo cual descarta a un 60% del público objetivo potencial... Error...Tras recorrer pesada y mecánicamente la nave e ir aumentando la carga del estoico carricoche con paquetes casi idénticos, largos, estrechos, que igual podían contener librerías que somiers o cómodas, llegamos cansados al último pasillo, nos dirigimos a la sección correspondiente, y cogemos el único paquete que nos queda... Nos miramos, con los ojos como platos. "¡¿Y ahí dentro cabe una silla?!"... Carcajadas al unísono.
... La guinda. ¿Dónde esta el truco? ¿El respaldo se despliega al abrir el paquete? ¿Al entrar aire toma la forma de una espalda y se adapta a la ergonomía esperada? Me recuerda a las tiendas de campaña de Decathlon, que se hinchan solas, o a las historias de Edgar Allan Poe. En Entrega de Mercancías nos dan por fin un mueble mío, y el enorme colchón de 1.60x2.00 de Niko... empaquetado al vacío en un práctico y cómodo bulto del tamaño de un saco de dormir.
En fin, pagamos, cargamos las compras en el tanque, sobredimensionado, habría bastado una "flagoneta" medianita, y nos vamos para Barcelona a cenar.
Damos un brevísimo paseo por la Plaza de Cataluña, las Ramblas y tal, y agotados, nos vamos para Sants a pasar la noche allí. Aprovechando las compras, amontonamos todos los paquetes marrones en un lado del tanque, abrimos el colchón y lo desplegamos en la otra mitad (este sí se hincha, cual balsa salvavidas), las almohadas y el edredón, y nos acostamos. Nos dormimos enseguida, claro. Previsiblemente, deberíamos haber estado de vuelta en Valencia, durmiendo en buenas camas de las de verdad. Pero henos allí, dormidos sobre un colchón recién estrenado, sin sábanas, pero con edredón, rodeados de paquetes planos y diversos, en la parte trasera de una furgoneta aparcada en una calle al lado de Sants.Fue la peor idea del fin de semana.
A las pocas horas, me despierto con un terrible dolor de garganta. Habré cogido frío, pienso, y me vuelvo a dormir. Al poco me despierto otra vez, con más dolor. Caray, pienso, maldita sea; me tapo con el edredón, y sigo durmiendo. Me vuelvo a despertar, con el dolor aún mucho más intenso, y ahogándome. "Niko, me cuesta respirar". Abrimos la camioneta, nos vestimos a toda prisa, y salimos al aire libre. Una extraña y desagradabilísima sensación en la garganta, nueva para mí, me hace preocuparme y agobiarme aún más. No podía hablar. El dolor cada vez peor. Vamos corriendo a la Estación de Sants, a los aseos, y allí, delante del espejo, abro la boca y me miro...










