Sueños
Con comer salmón en Noruega, con cómo será vivir allí, en Trondheim, en el frío. Las clases en inglés, la universidad en rubio, la noche en europeo. Las bicis por bandera.
Veo los fiordos, y noto el viento, y huelo el hielo, y escucho los timbres, y saboreo el eneldo. Cuanto más nítida se va haciendo la imagen, más vertiginoso es el cambio: de repente, anochece, y el aire se llena de olor a puerto, a pescado, de ruido de metrópolis y de sílabas fuertes y cortas, apresuradas, la gente te golpea al pasar, la noche se tiñe de neones de múltiples colores, y en la lengua se captan sensaciones desconocidas, como de un montón de especias mezcladas y esparcidas, Estamos en Tokyo.
Despierto, sueño con importaciones de Holanda, con planes imposibles e ideas alocadas.
Bocinas, carricoches y camisetas. Un montón de bicis, todas distintas, tuercas y tornillos de todos los tamaños y colores. Sonrisas y aires de libertad.
Sueño con columnas infinitas, en las que sólo la base ya impone monumentalidad, runas labradas, salones abandonados en apariencia, con el suelo polvoriento, y el eco retumbando en la profundidad de la roca. Aguardiente fuerte.
Con bosquecillos atravesados por riachuelos; madera, hojas, musgo, agua, todos cantando su canción. Vino tinto.
Con un acogedor smial, conectado con otros por túneles bajo la colina, tarima y alfombras, mesitas bajas, historias de viajes y cuentos de allende las montañas, y bizcochos recientes y pan con frutos secos. Té y volutas de humo.
Y sueño, despierto, con el tacto de sus pedales...

aquellos que duermen y sueñan de noche
y aquellos que sueñan despiertos y de día...
esos son peligrosos, porque no cederán
hasta ver sus sueños convertidos en realidad.