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Ernesto Guevara nació, muy probablemente, el 14 de mayo, y no el 14 de junio, de 1928 en Rosario, provincia de Santa Fe (Argentina). De buena cuna, tanto la familia de su padre como la de su madre pertenecían a la clase aristócrata, vivió entre Caraguatay y Buenos Aires los primeros años de su vida, mudándose luego a Córdoba, lugar con condiciones más apropiadas para su severa
afección asmática, que le marcó la infancia y la adolescencia, haciendo de él un apasionado lector y jugador de ajedrez.
Salgari y Verne fueron sus primeros referentes aventureros. En poesía,
Baudelaire y Neruda, y en filosofía, prefirió el existencialismo de
Sartre, Kafka y Camus. Durante sus últimos años de adolescencia quedó patente su actitud rebelde y su postura ideológica
antiimperialista por encima de todo.
Los siguientes años, desde 1947, Ernesto Guevara los dedicó a su carrera de medicina, a jugar al rugby, a leer, y a escribir sus diarios filosóficos. Empezó a mostrar interés en las ideas marxistas y la filosofía social. Siguieron sus viajes, a dedo, en bici, o en motocicleta, junto a sus amigos Alberto Granado y Carlos "Calica" Ferrer (ver Diarios de Motocicleta, película del 2004), que le llevaron a recorrer toda Latinoamérica, descubriendo las profundas heridas históricas y los problemas sociales del continente, causados por la enorme corrupción política de las dictaduras, las desigualdades económicas, y la necesidad de una reforma agraria radical. Fue entonces cuando decidió que deseaba tomar una parte activa en la tarea de cambiar el mundo.
Guevara se unió en 1955, en México, al Movimiento 26 de julio, creado en el 53 por un grupo de nacionalistas cubanos de ideología antiimperialista-democrática basada en las ideas de José Martí y de corte anticomunista, que planeaban organizar una guerrilla para derrocar al dictador Batista. Entre ellos destacaban los hermanos Raúl y Fidel Castro. Al poco tiempo, Hilda Gadea, la amada de Guevara, quedó embarazada, y se casaron, naciendo su hija en febrero del 56. Los entrenamientos de la guerrilla se iniciaron en breve, y tras ser arrestados por la policía mexicana y pasar varios meses en la cárcel, consiguiendo posteriormente su liberación, el 25 de noviembre de 1956, 82 hombres entre los que se encontraban Ernesto Guevara, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, partieron hacia Cuba en un yate llamado Granma.
Tras una
accidentada travesía de siete días, el Granma encalló en las costas de Cuba el 2 de diciembre,
dos días más tarde de lo planeado. La guerrilla rebelde se vio obligada a abandonar en el barco la mayor parte de municiones, alimentos y medicinas. El retraso impidió que un alzamiento popular organizado por Frank País, en Santiago de Cuba dos días antes cumpliera su objetivo de distraer a las tropas de Batista para facilitar el desembarco de los guerrilleros. Separados, perdidos y perseguidos, los expedicionarios sufrieron una seria derrota inicial en
Alegría de Pío, debido a la cual poco más de 20 hombres pudieron llegar a la
Sierra Maestra, cordillera del sudeste cubano. Desde allí, empezó una ardua campaña de reclutamiento y reagrupamiento, concienciación del pueblo y acuerdos con diversos grupos partidarios del derrocamiento de Batista que se unieron a los rebeldes, al tiempo que las posturas de los líderes se tornaron más radicales y las acciones de la guerrilla se recrudecían.
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Después de numerosas batallas y escaramuzas victoriosas, Fidel comprendió que las acciones debían dividirse de forma que pudieran seguir hostigando desde Sierra Maestra, y a la vez hacerse con el control de
Santa Clara, clave para el camino hacia La Habana. Guevara, que ya era conocido como
el Ché por su nacionalidad argentina y el uso continuado de esa palabra, fue nombrado
Comandante de la Cuarta Columna (en realidad era la segunda, pero se nombró así para confundir al enemigo). El Ché y Cienfuegos partieron a pie hacia el centro de la isla, a la región de
Escambray, desde donde iniciaron una etapa ofensiva que concluyó con la toma de Santa Clara el 28 de diciembre de 1958. En Nochevieja, las tropas rebeldes tomaron el tren blindado que el gobierno había enviado para fortificar
La Habana, con lo que Batista decidió huir hacia Santo Domingo. Las tropas del Movimiento 26 de julio comandadas por el Ché y Cienfuegos entraron en La Habana, y simultáneamente Fidel entró victorioso en Santiago de Cuba, declarándola capital provisional.

Los rebeldes instauraron un nuevo
gobierno revolucionario en los primeros días de 1959, cada vez más influido por las posturas comunistas de Raúl Castro y el propio Ché, quien fue
Ministro de Industria, siempre bajo el liderazgo de Fidel como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Durante los siguientes años se produjo una polarización interna del gobierno. Se mantuvieron contactos con países vecinos de Latinoamérica, creando lazos con guerrillas insurgentes antidictatoriales en varios lugares. El Che viajó por los países comunistas estableciendo
relaciones diplomáticas, acuerdos comerciales con la URSS y China, así como de intercambio tecnológico y científico. El acercamiento con la URSS y el evidente carácter comunista tomado por el gobierno cubano, se ganaron la antipatía de EEUU, en plena
Guerra Fría. Y al mismo tiempo, se produjo un éxodo masivo de ciudadanos cubanos adinerados que fueron a establecerse en Miami, recibiéndolos los EEUU con los brazos abiertos.
El 3 de enero de 1961, en una de las últimas medidas de su gobierno antes de entregar el poder a John F. Kennedy, el presidente Eisenhower cortó las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. El enfrentamiento abierto era inminente. El 17 de abril de 1961 se produjo la invasión de Bahía de Cochinos desde Nicaragua por una fuerza formada principalmente por grupos cubanos anticastristas entrenados en Guatemala, con el beneplácito del dictador Somoza y el apoyo abierto de la CIA. El desembarco fue repelido y controlado rápidamente por el ejército cubano. La CIA le pidió entonces al presidente Kennedy, recién asumido el cargo, la intervención abierta de EEUU con la Fuerza Aérea, pero este se negó. Por esta razón la comunidad cubana anticastrista en Estados Unidos sostuvo públicamente que el presidente Kennedy era un traidor. El fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos causó el despido del director de la CIA, cuyo nuevo dirigente, J. McCone, estableció un gigantesco programa llamado "Operación Mangosta" con el fin de organizar actos de sabotaje, terrorismo, asesinatos de los líderes cubanos, ataques militares e infiltraciones que desestabilizaran al gobierno cubano y lo llevaran al colapso. Como respuesta, a fines de junio de 1962, la Unión Soviética y Cuba tomaron la decisión de instalar misiles atómicos en Cuba, tratado en el cual el Ché tuvo una intervención activa, entendiendo que ese era el único modo de disuadir a EEUU de invadir Cuba, además de suponer para las relaciones soviético-estadounidenses un paso más en la Guerra Fría. El hecho desembocó en la llamada Crisis de los Misiles de Cuba que puso al mundo al borde de la guerra nuclear y finalizó con un dificultoso acuerdo entre Kennedy y Jruschov, ambos presionados por los sectores belicistas de sus respectivos países, por el cual EEUU se comprometió a no invadir Cuba y retirar los misiles que tenía instalados en Turquía apuntando a la Unión Soviética, y ésta a retirar los misiles cubanos.
El pensamiento fuertemente internacionalista del Ché le llevó a apoyar revoluciones antiimperialistas en distintos países,
promoviendo experiencias guerrilleras en Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela y Argentina. Todas ellas fracasaron, pero en algunos casos sentaron las bases de futuros movimientos guerrilleros, como el
Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esta posición llevó a un fuerte enfrentamiento del Ché Guevara con los partidos comunistas de América Latina, que en general no aprobaban la estrategia de lucha armada generalizada que él proponía, defendiendo el modelo soviético de la coexistencia pacífica. A finales de 1964 Guevara decidió dejar el gobierno para encabezar el envío de tropas cubanas a otros países con el fin de apoyar los movimientos revolucionarios en marcha. La
República Democrática del Congo, ubicada en el centro de África y con fronteras con nueve países, se le aparecía al Che como un gigantesco foco desde el que se podría irradiar la revolución a todo el continente. A principios de 1965 le escribió una famosa carta a Fidel Castro renunciando a todos sus cargos y a la nacionalidad cubana que se le había otorgado, y anunciando su partida hacia
«nuevos campos de batalla». Es en esa carta donde aparece, en la firma, la frase
«hasta la victoria siempre». Pocos meses después,
el Ché Guevara había desaparecido de la vida pública y su paradero era desconocido.

La participación cubana en la
rebelión congoleña fue un
completo y rotundo fracaso. Tras una campaña de nueve meses en los que sufrieron diversas derrotas y el cese del apoyo de Tanzania, el Ché, que luchó personalmente en el frente junto a sus tropas, se vio obligado a una
retirada forzosa. Tres días después de que Guevara abandonara el Congo, Joseph
Mobutu tomaba el poder mediante un golpe de Estado instalando una dictadura que duraría treinta años.
Tras unos meses
en Praga de inactividad guerrillera y reflexión filosófica, bajo una
identidad femenina, el Ché decidió establecer un foco de acción revolucionaria en Bolivia con el apoyo de Fidel. Deseaba extender desde allí los principios revolucionarios por el continente sudamericano, con la esperanza de que la guerrilla se instalara también en su Argentina natal. En noviembre de 1966 Guevara se instaló en una zona montañosa de
Bolivia junto a otros 46 guerrilleros entre los cuales se encontraba
Tania, comunista argentina-alemana a quien el Ché había conocido en su viaje a la RDA, y tomaron el nombre de
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN), o
Guerrilla de Ñancahuazú. Las acciones armadas contra el ejército del General René Barrientos comenzaron en 1967.

En agosto la CIA envió dos agentes cubano-norteamericanos a la caza del Ché, cuando su grupo ya estaba muy debilitado tras haber sufrido numerosas bajas. El 31 de agosto el ejército regular emboscó a la segunda columna en Vado del Yeso, cuando cruzaban el río; murieron todos, Tania entre ellos, menos uno. Sus cuerpos fueron expuestos como trofeo y enterrados después clandestinamente.
El Ché, gravemente afectado por el asma y sin medicamentos, al frente de los 17 supervivientes tras las distintas escaramuzas, era cercado por el ejército boliviano y los nuevos rangers entrenados por la CIA. Tuvieron que huir hacia la montaña, en dirección al caserío de
La Higuera, pues el camino que seguían por el río estaba cortado. El 8 de octubre, cuando trataban de retomarlo, fueron sorprendidos en la Quebrada del Yuro. El Ché Guevara ordenó dividir el grupo en dos, enviando a los enfermos delante y quedándose con el resto a enfrentar las tropas del gobierno. Harry Villegas "Pombo", uno de los cinco supervivientes, relató así ese momento crítico:
Yo pienso que él pudo escapar. Pero traía un grupo de gente enferma que no se podía desplazar a la misma velocidad que él. Cuando el ejército comienza la persecución, decide pararse y dice a los enfermos que sigan. Entretanto el cerco se va cerrando. Sin embargo, los enfermos logran salir. O sea el enemigo fue más lento que los enfermos. A los que venían en la persecución directa, el Che los aguanta. Cuando él va a continuar, el cerco se cerró y entonces se produce el enfrentamiento directo. Pero si él hubiese salido con los enfermos, se habría salvado.

Tras tres horas de combate Guevara resultó
herido en una pierna y capturado junto a otro compañero, mientras que tres de sus hombres perdieron la vida en el cerco. Otro fue malherido y murió al día siguiente, cuando el ejército boliviano capturó a un compañero más. Otros cuatro guerrilleros fueron perseguidos y murieron en el Combate de Cajones cuatro días después. Los seis guerrilleros que habían ido delante, entre los que se encontraba Harry Villegas, lograron escapar. El ejército los persiguió abatiendo a uno de ellos, pero los cinco restantes lograron finalmente salir de Bolivia hacia Chile, gracias a la ayuda del Partido Comunista Boliviano y del entonces Senador
Salvador Allende.

Trasladado a La Higuera junto con su compañero, el Ché fue
recluido hasta la mañana del 9 de octubre de 1967. El
gobierno boliviando difundió la noticia de que había sido muerto el día enterior en combate. El presidente Barrientos dio la
orden de asesinar al Ché, y el
agente de la CIA Félix Rodríguez la transmitió a los oficiales bolivianos. El Ché había acudido a Bolivia para liberar al pueblo oprimido, para sembrar ideas de libertad y justicia, para apoyar a ls campesinos y los marginados bolivianos. Y fueron los soldados bolivianos los que ejecutaron, con rifles pagados por los Estados Unidos, a quien había acudido en su ayuda.
Su nombre ardió como un pajary la ceniza se esparció,un viento fiero la tomó,por los caminos la llevó.
Y en cada sitio de la tierra
donde por él veló un pastor,donde un obrero lo leyóy un estudiante lo escuchó
y un campesino le siguió
creció el silencio ante su nombre.
Y así es que vuelve a combatir
el Ché en la lucha de los hombres.
Él es tal vez un muerto máspero su rayo relumbró
cuando la ráfaga cortósu sangre en dos lagos iguales.
El 9 de octubre es, por tanto, también un día para recordar a otro héroe caído. Pero no para llorarle desde la distancia, e idolatrarlo cual quinceañeros (demonios hay muchos, pero ángeles, pocos... todos los personajes históricos tienen sus aspectos positivos y los negativos, y el Ché desde luego no es una excepción), sino para seguir su ejemplo de forma madura, y combatir el imperialismo yanqui con los medios que están a nuestro alcance en aras de
un sueño de libertad.