Madrugar, lo que se dice madrugar... Tampoco madrugamos mucho. Después de la noche en el
, las hay que están más resacosas, y los hay que quieren aligerar más...
!, no sin cierta morriña, porque sabemos que son los últimos que vamos a conocer. Esta noche dormimos en Krsko, en casa de Violeta, ya en Eslovenia.
(el mío) es inevitable. Es el que más conozco, y me he pateado hasta la saciedad. El acceso habitual es desde
, al norte de Lleida. Que si Ratera, que si el Portarró, que si
, etc... siempre que he ido he pasado un buen día, pero eso sí, el
.
El Camino sigue y sigue...
The Road goes ever on and on
Down from the door where it began.
Now far ahead the Road has gone,
And I must follow, if I can,
Pursuing it with eager feet,Until it joins some larger way
Where many paths and errands meet.And whither then? I cannot say.Con la
canción del camino de Bilbo en la cabeza
[la estrofa de arriba es un fragmento; como sabréis, años más tarde
fue sensiblemente modificada por Frodo], y muchas otras, la marcha empieza alegre. Patri, Farito, Violeta y yo, caminamos tranquilamente charlando, haciendo fotos, contándonos anécdotas de viajes y cosas, lo típico. La primera parte del camino discurre junto a la orilla de uno de los lagos. Al cabo del rato, comienza a subir por una colina, primero senda, luego un rato de escalones. La vista de los lagos es preciosa. A medida que avanzamos vamos pasando por varios
miradores en los que paramos unos segundos a disfrutarla. Por algún extraño tipo de intuición, o quizá por un conocimiento inconsciente de los cielos, aunque parezca paradójico, después de los años, sugiero acelerar levemente la marcha por si la lluvia... Hace muy buen día, el sol brilla y las pajaritos cantan
[ ¬¬ ], y mis piernas son muy largas, así que la propuesta cae en saco roto...
[tampoco habría valido de nada, como luego se verá]
Nuestro camino se cruza intermitentemente con algún otro, pero vamos siguiendo las indicaciones de la ruta K, y por suerte somos de los pocos que la hacemos, parece, así que encontramos el camino bastante despejado, lo cual es una suerte, según comprobamos en un
merendero abarrotado, ubicado a unos 40 minutos del punto de partida, donde deben de confluir todas las rutas. Haciendo las paradas justas y de rigor, reanudamos la marcha. Curiosamente,
se nubla bastante, y empieza a chispear durante 10 minutos... Pero para.

En un punto dado, cercano a la confluencia entre dos lagos, decidimos desviarnos de nuestra ruta, alargando el camino, pues más tarde tendremos que retroceder de nuevo por donde venimos para retomar la ruta, y bajar un desnivel de unos 90 metros para ver los lagos desde abajo, en un
caminito de troncos prácticamente sobre el agua, que desde arriba se ve muy pintoresco, pero bastante concurrido. En cuanto tomamos la desviación notamos el aumento de densidad de turistas por metro cuadrado. La bajada, gran parte de ella de escalones artificiales, pasa por
varias grutas y una garganta. El lago superior va a morir en una pequeña cascada que desagua en el inferior, pero también están comunicados, a juzgar por el complejo de cuevas y la humedad de ese tramo, por alguna corriente subterránea. Cruzamos por el caminito de troncos que veíamos desde arriba, y optamos por ir a ver una
cascada indicada como
Veliki Slap. El paseo, desde luego, merece la pena, a pesar de que la enorme concurrencia nos retrasa y a mí, personalmente, me agobia mucho. Aquí la diferencia con el
Parque de Sant Maurici es patente. Si aquel está ya abarrotado normalmente, este... Las rutas cortas desde luego están adaptadísimas, de hecho nos cruzamos con varias señoritas muy empingorotadas con zapatitos de tacón...

Evidentemente tienen que seguir una ruta mínima: llegar, tomar café, recorrer unos pocos metros, hacerse la foto, y volver al merendero. Por necesidad. En fin, tras ver la preciosa cascada y refrescarnos, retomamos nuestra propia ruta, re-coincidiendo con una
pareja joven de alemanes que ya habíamos adelantado en otro punto del camino.

Poco después, se vuelve a nublar y de nuevo empieza a chispear. El cielo está oscuro. Instintivamente, una mano va a la espalda hasta mi mochila, saca un rebuño de plástico azul, lo trae adelante, me saco la mochila de un brazo, lo meto por la manga, repongo el brazo de la mochila y me saco el otro, me calzo la otra manga, repongo el brazo de la mochila, y la recoloco.
Chubasquero ON, en 15 segundos. A los tres minutos empieza a llover fuerte. Con las capuchas puestas y algo fastidiados, guardamos las cámaras de fotos. De hecho, como arrecia, me pongo incluso los pantalones del chubasquero encima de los cortos que llevo. Eso me fastidia más aún, porque resulta incómodo.

Pasamos la siguiente ¿hora? (cuando llueve tanto, y uno camina por un paraje boscoso, suele perder pronto la noción del tiempo) caminando bajo la lluvia, hasta que llegamos al siguiente "
resort turístico", ubicado en una explanada por la que, estratégicamente, pasan todas las rutas, una vez más. Aprovechamos para refugiarnos bajo el techado, pero claro, un par de cientos de personas han pensado lo mismo que nosotros, incluyendo, ¡oh, sorpresa!, al grupo E de Molineras, que aparecen allí alegremente. Bueno, excepto Nutxo, a quien según parece, el remojón no le ha sentado nada bien. Lógico. Hay muchas mesas cubiertas por un gran tejado de madera, y ya hay bastante gente comiendo. También hay
tienda de souvenirs, por lo que nos aprovisionamos de postales rápidamente y yo me compro un mapa del parque
[que más tarde acabó convirtiéndose en un amasijo de papel mojado en el fondo de mi mochila...]. Los dos grupos intercambiamos la historia del día hasta el momento, en un cuarto de hora. Como no parece que vaya a parar de llover, en cuanto baja un poquito de intensidad decidimos salir. El resto de turistas, apiñados bajo las cabañas,
nos miran muy raro. Con las gorras caladas y las capuchas puestas, nos volvemos a despedir de Winnie, Neleta, Bibi, Maite y Nutxo y nos ponemos en marcha de nuevo (ellos hacen otra ruta, y recorren los lagos al revés que nosotros). Es momento clásico para otra canción del camino, esta de las de modalidad lluviosa, claro.

La lluvia se mantiene constante un buen rato, pero al menos llueve ligero, y nos distraemos sorteando los
pequeños charcos que empiezan a formarse en la senda. Al rato, re-adelantamos a la pareja alemana, que son de los pocos que siguen ruta bajo la lluvia. En realidad nos viene casi bien, porque esta parte del camino se comparte con varias rutas, y de otra forma estaría abarrotada. Disfrutamos del paisaje y del
sonido de la lluvia, que también está bien. La luz es diferente, y el bosque tiene otros
colores y olores que merece la pena disfrutar. Tras un buen repecho de subida, donde unos italianos han encontrado cobijo bajo un saliente natural que forma una pequeña cueva, y al amparo de un bosquecillo más frondoso, como apenas sólo chispea, decidimos hacer un alto para comer. Encontramos
el tronco perfecto: grueso, caído hace tiempo, junto al camino, y sin embarrar aún. Es momento también de cambiar de ropa, y extender la que llevamos, mojada, con esperanza de que pueda ir secándose durante el resto del día [nada más lejos de la realidad, como se verá...]. De las mochilas, en pocos segundos, salen barras de pan, trozos de mortadela y queso, unos tomates, un poco de jamón, y un par de piezas de fruta, junto con una bolsa de frutos secos. Increible. A los españoles nos encanta comer bien, incluso en las condiciones más extremas. En dos minutos tenemos unos
enormes bocadillos preparados y nos ponemos a la faena.

A mitad de bocadillo, estando nosotros cuatro ahí sentados en el tronco, sucede
lo más gracioso del día. Aparece la pareja de alemanes, que acaba de subir el repecho. Él delante, ella un poco detrás. Empapados. Parece que no han elegido bien el momento de empezar a caminar, o el ritmo, pero están mucho más mojados que nosotros. Él, caminando con largos pasos, desgarbados, y con una mueca extraña entre
partirse de risa y mirarnos con
complicidad, y con parte de compasión por su novia. Ella, con la melena toda
desgreñada y la cara sucia, casi persiguiéndole a él, y con cara de muy cabreada, soltando
improperios en godo. Miramos la escena,
atónitos, mientras pasan por delante de nosotros y giran por un recodo. Ella nos ignora deliberadamente. Cuando nos dan la espalda, entendemos: la de ella está completamente manchada de
barro, la camiseta hecha un guiñapo. Está claro. O al menos, nosotros nos montamos
la película, entre carcajadas pelín crueles: han venido de turismo activo de ese de dominguero (detalle: no llevan macutos ni siquiera mochilas con vituallas ni nada), y él ha sugerido hacer la ruta K, la larga. Ella no quería, pero al final, por él, quizá estén en la luna de miel, ha consentido a hacerla. Obviamente, ha sido un desastre, porque se ha puesto a llover y no iban preparados, y encima ella ha resbalado y se ha caído de espaldas en un charco llenándose de barro. No podemos evitar
reir hasta morir.

Tras dar buena cuenta de los bocadillos y acabar con el cachondeo de los alemanes, una rápida revisión a la mochila: la ropa de repuesto, mojada; el chubasquero (chaqueta y pantalón), mojado; la cámara de fotos, a pesar de la funda, mojada; el billetero de piel, los billetes que contiene, el pasaporte, y demás documentos y tickets,
todos mojados... Fabuloso día. Nos ponemos en marcha, con ropa ligera, porque parece que el tiempo nos da una tregua.
[Ilusos...] Nada más lejos de la realidad. En la lejanía, se oye un
trueno tremendo. Enseguida, se pone a
diluviar. Y esta vez más fuerte que en todo el día. Si al principio el camino se salpicaba de charcos aquí y allá, ahora
los charcos son el camino, se inunda completamente, y al cuarto de hora estamos
chapoteando, con el agua hasta la mitad del pie. Encima, empieza el
aparato eléctrico. De pronto, como una enorme explosión. Patri insiste en que el rayo ha caído en la colina donde hemos estado parados hace veinte minutos. La cosa se pone seria. Apago el móvil, por si las moscas, y apretamos el paso.
Llueve.Tras los cristales, llueve, llueve.Sobre los chopos medio deshojados,
sobre los pardos tejados,sobre los campos, llueve.Pintaron de gris el cielo,y el suelo
se fue abrigando de hojas.Se fue vistiendo de otoño...[Fragmento de la Balada de Otoño, de Joan Manuel Serrat]
Las siguientes dos horas, o así, transcurren con
monotonía. No deja de diluviar, y nosotros no paramos en ningún momento. No podemos hacer fotos, ni apetece parar a descansar, porque aunque no nos mojaríamos más que caminando, nos quedaríamos fríos y sería garantía de enfermedad al caer la noche. Los lagos lloviendo son
melancólicos. Se les va el verde azulado, y se vuelven oscuros algunos, grises opacos otros. Es interesante, es distinto. Pero no es alegre. Apenas nos detenemos unos pocos segundos cuando vemos una vista bonita para disfrutarla y grabarla en la retina, pero no con mucha atención. Seguimos caminando sin cruzarnos prácticamente con nadie.
En un momento dado, nuestro camino se acaba uniendo a otro que discurría más bajo, y está claro que compartimos ruta con los turistas de todas las demás opciones, pues ahora, a pesar de la lluvia y en vista de que va a estar todo el día así, o peor, la gente ha salido de debajo de las piedras, o las setas, pasa de cobijarse y camina
estoicamente bajo la lluvia. El ritmo de caminata baja de velocidad crucero hasta colapsarse en una
procesión de hormigas. Según nuestros cálculos, falta un 30% de la ruta circular que nos debería devolver al punto de salida. El camino ahora cruza a un lado y otro de unos arroyuelos, y pasamos por lagunas grises, vemos varias cascadas, todas más pequeñas que la primera, pero igualmente bonitas. No obstante, el gris del cielo y el hecho de que nuestra
ropa interior esté chorreando (los chubasqueros de Decathlon son una puta mierda!!!) nos sume en un estado de vegetación anímica irritable y hace que tratemos por todos los medios de adelantar a todo el mundo y llegar cuanto antes a la furgoneta.
La ruta sigue así un buen rato. Finalmente, llegamos a un pequeño
embarcadero que no esperábamos, y un barquito nos conduce en dos minutos al otro lado del último lago que veremos, y casi el final de la ruta. Acabamos saliendo por donde entramos. Ya de perdidos al río, y nunca mejor dicho. De camino al parking, por la carretera, en cuesta, el agua baja desbocada, sin parar de llover. Saltamos en los charcos hondos y
nos salpicamos los unos a los otros, barriendo el agua con los pies.

Por fin,
acaba la odisea. Llegamos al parking abriéndonos paso entre las decenas de coches que intentan marcharse bajo el diluvio. Vemos
Priscilla y cuando nos acercamos, ¡oh, sorpresa! Maite, Bibi, Neleta, Nutxo y Winnie nos reciben totalmente preparados, con
ropa seca y limpia de cada uno de nosotros,

sacadas de nuestras maletas. Cómo han sacado la ropa sin que se chope todo, la verdad es que no lo sé. Ellos están dentro, en la furgoneta, claro, ya cambiados y sequitos. El proceso para cambiarnos de ropa nosotros es delicado. En el estado en el que llegamos, desde luego, el que nos vean desnudos es lo de menos, porque ante la expectativa de la furgoneta cálida y cómoda y la ropa seca, de repente nos entran las prisas por cambiarnos cuanto antes. Además, después de tantos días compartiendo tanto, ya hay confianza. XD Como dentro ya hay 5 personas queda poco espacio, así que por turnos, nos quitamos

la ropa calada, la
escurrimos como si de estropajos se trataran
[en serio, los calzoncillos como si me hubiera bañado con ellos puestos], entramos en la furgoneta, nos secamos con una toalla, y nos ponemos la ropa que tienen preparada para nosotros. ¡¡¡Qué monos y deliciosos son!!! Obviamente la ropa es la primera que han conseguido, pero aún así... qué fabuloso. De hecho a Violeta no le han encontrado ropa interior, y no sé si es que nadie le puede dejar porque todas tienen las bragas de repuesto mojadas, pero el caso es que le toca ponerse los pantalones sin nada debajo, a la pobre. En fin... menudo día. Bibi ha escrito en el parabrisas lo que enseguida se convierte en un de los
mottos del viaje: "
No sólo gitanos, también rrrefugiados". Y es cierto, Croacia nos ha puteado hasta el final, ha tenido que llover justo el día que nos íbamos de excursión al monte, manda narices... Pero bueno, en el fondo, lo echaremos de menos, un poco...

A partir de ahí... Una vez vestidos y secos todos, y dadas las mil gracias por prepararnos la ropita, nos ponemos en marcha, nos cuesta escapar del parking ante la desbandada masiva y general, pero nos ponemos al fin camino a Zagreb, acabamos
cruzando la frontera a la caída de la tarde (el control de
pasaportes es cómico... van casi todos mojados o húmedos, y les pedimos por favor a los aduaneros que nos los cuñen, que sorprendentemente acceden), y llegamos a
Krsko con un hambre enorme. Ha sido un día muy largo. Personalmente, lo he pasado muy bien en los
Lagos de Plitvice. Al final, no hemos visto osos, ni urogallos, ni linces, que se supone que haberlos haylos... estarían todos rrrefugiados, ha sido una lástima que haya llovido tanto. Por supuesto, nada más pasar la frontera a
Eslovenia, un sol radiante e incluso un bonito arcoiris... Es
Crrroacia, en serio. No recuerdo nunca haberme mojado tantísimo en una ruta... nunca había caminado 4 horas bajo un diluvio, claro...

Una ducha calentita y dos buenas ollas de
cous-cous nos animan, y la posibilidad de hacer la
colada y dejar en casa de Violeta la ropa mojada secándose es un ventajón. Por la noche, vemos otra vez "El rrrancho de mi papá", un culebrón de dos capítulos que ha dirigido Violeta con actores eslovenos hablando en español. Tras descargar las fotos de las tarjetas en el portátil de Vio, nos vamos a la cama, de nuevo unos en casa de Vio (esta vez, a mí me toca quedarme), y otros emigran a casa de la amiga que tan amablemente nos la presta.

Con qué gusto se coge la cama al acabar un día así...
Fotos:
(Ya habéis visto alguna de las grandes fotos de este día en las presentaciones-homenaje, así que intentaré no repetirme. También, para que no sea tedioso y puesto que la crónica en sí ya es larga,
la mayoría de las fotos chulas de paisajes las pongo aparte, en la colección de Flickr. Podéis acceder a todas a través del tag Plitvice, o clickando aquí. Os lo recomiendo encarecidamente, hay fotos muy bonitas, pero incluirlas todas aquí sería demencial. Aprovecho también para felicitar a las fotógrafas -Vio, Winnie y Neleta (Patri no hizo fotos ese día) - por el fabuloso material, y en especial doy las gracias a Violeta por esas preciosas fotos).
1 a 4: paneles informativos y fotos de grupo antes de salir de ruta.
5 a 9: vistas del parque nacional, en la primera parte de la ruta K.
10 a 18: selección de fotos de paisaje.
19: Farito y la tormenta que se avecina...
20 y 21: más fotos de paisaje.
22: grupo E acabando el camino.
23: parada técnica grupo K.
24 a 27: llegada del grupo K a la furgoneta, sufriendo los efectos del diluvio.
28 a 30: epílogo.
En esta ocasión no incluyo enlaces a cada una de las fotos por la cantidad de ellas, pero os invito a visitar la colección de Flickr a través de los enlaces que pongo más arriba para ver cuantas fotos queráis ampliadas, y comentarlas si queréis.^