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Este relato es continuación de "El Rey de los Goblins",
que a su vez lo es de "El Lobo".
Mis disculpas por la tardanza... la Semana Santa y esas cosas... de todas formas teníais un teaser en los comentarios de "El Rey..."
Una vez más, gracias a Fer-Sama por el arte gráfico ^_^ .El encapuchado da varios pasos firmes y rápidos hacia el Rey de los Goblins. Este vacila y retrocede. A dos metros de distancia del gigantesco goblin, el encapuchado alza un brazo con cierta parsimonia y dirige su palma abierta hacia la cara del Rey.
- Hu-huh... ¿Qué...?
El confundido Rey de los Goblins es incapaz de terminar su frase, porque de repente una inmensa fuerza invisible sacude todo su cuerpo hacia atrás y lo hace impactar de forma violenta contra la pared de roca de la cámara. La presión es tal que el Rey deja escapar un grito de dolor y queda sin resuello, cayendo al suelo. La lanza que sostenía cae también al abrir la mano, rebotando en la piedra y deteniéndose a varios metros de distancia. El encapuchado baja de nuevo su brazo.

El Rey de los Goblins se incorpora, magullado, tratando de recuperar la respiración.
- ¡Maldita zea! ¿Qué creez que eztáz haciendo? ¿Quién erez tú? - gruñe enfadado.
El encapuchado permanece quieto. El Rey de los Goblins busca con la mirada su lanza.
- Luchaaráss para míii - repite el recién llegado.
El Rey de los Goblins considera su situación... Desarmado. Aturdido. Con sus guardias muertos, o enterrados bajo el desprendimiento en algún lugar de los pasadizos. Su informador decapitado. La lanza, tras el encapuchado; imposible alcanzarla evadiendo un encuentro frontal... Considera las posibilidades de la lucha cuerpo a cuerpo... pero viene a su mente el reciente golpe contra la pared de la cueva... la mano del encapuchado dirigida directamente hacia él, la incontenible fuerza de tracción y la violencia del impacto...
El encapuchado hace un movimiento con su brazo en ese momento, lo cual basta para que la inmensa mole del Rey de los Goblins se desmorone emocionalmente y desestime instantáneamente el enfrentamiento contra el misterioso brujo, cubriendo instintivamente su grotesca cara con un brazo. Pero esta vez no se trata de un ataque. El encapuchado lleva su mano dentro de la capa, y parece estirar con fuerza de algo colocado sobre el pecho, que queda oculto. El Rey otea tras su inútil protección. Ya sale la mano de debajo de la capa, trayendo algo que pendía del pecho a juzgar por la cadena de metal que se ve colgando. El encapuchado lanza el objeto pacíficamente hacia el Rey. Éste, siguiendo una vez más su instinto, tiende su garra y lo atrapa en el aire. Tontamente, lo mira con extrañeza para ver de qué se trata.
-¿Eeeeeehhh?
Allí, en su palma, ante sus incrédulos ojos, se halla el macabro trofeo origen de todas sus tribulaciones.
De una sencilla cadena de aretes metálicos cuelga un soporte tosco, sin ningún tipo de adorno, en el que hay a su vez engastado un afilado colmillo blanquecino, de unos 15 centímetros de longitud. Parece perfectamente sano y está limpio, sin roces ni desgaste, al igual que el soporte y el engarce, lo cual sugiere que ha sido obtenido de alguna bestia joven y montado recientemente. El tamaño y la dureza de la pieza no dejan lugar a dudas: se trata de un huargo. De una cría, desde luego. Pero en la situación actual ello no deja de ser problemático, más bien al contrario.
- E--ezto ez...
- Sssí. La críia de Warghzam, el Señññor de loss Huargoss.
- P-p-pero ¿tú...? ¡Maldita zea!
El encapuchado contempla ahora al Rey de los Goblins, silencioso. Como si estuviera evaluándole... El Rey, a medida que toma consciencia del significado del colgante que tiene en sus manos, se pone cada vez más histérico.

- P-pero loz huargoz eztán furiozoz por el azezinato de la cría, y tú haz traído ezte funezto colgante a mi cueva!!! Noz matarán a todoz!!
- Noo, no lo haránn... - responde el encapuchado - Máss bien noss esstaránn aggradeciidoss por devoolverless el colmiillo de ssu queriida cría. - Ante esto, el estupefacto Rey de los Goblins emite un gruñido sordo al tiempo que sacude su cabezota. - Haail, Rrey de loss Gobblinnss de Artteixo, - el encapuchado habla ahora con la voz de Annatar, seductora y diabólica, maliciosamente tentadora - hoy al annochecer commandaráss tu ejjército: ssaldréiss de lass cuevass y arrassaréiss el pobblaado de leññadoress al nnoorte. Apenass habrá ressisstenncia. Ssu pozo fue ennvenennado hace doss nochess y la pesste sse exstiennde enntre ellossss. - a pesar de la completa negrura en el rostro del encapuchado, el Rey de los Goblins cree percibir un deje de satisfacción en su visitante, quizás en la voz, al decir esto último. No le cabe duda alguna de quién puede ser el responsable del envenenamiento del pozo.
La perspectiva de saqueo y pillaje fácil siempre es interesante para un goblin, por lo que ahora la conversación parece estar navegando por aguas más plácidas para el Rey. No obstante, no entiende aún el papel del colgante, ni cómo los huargos podrían llegar a perdonar el asesinato de su cría. El encapuchado se gira hacia un lado, aparentemente observando algo más allá del cuerpo del gigantesco goblin. Ahora camina, dándole a aquel la espalda, con cierta parsimonia en comparación a sus anteriores movimientos rápidos y certeros, hacia el trono de piedra que hasta hace nada ocupaba el Rey de los Goblins. Al llegar, se da la vuelta y toma asiento en la tosca talla de roca lenta y majestuosamente. El Rey, que le ha seguido con la mirada, se acerca a grandes trancos, dubitativo y con resquemor. Pero el dolor del reciente golpe y el miedo a la magia o cualesquiera otras artes ocultas de que pueda hacer gala el encapuchado parecen ser elementos disuasorios suficientes para mantenerlo dócil... al menos por ahora. Se sitúa frente al visitante.
El encapuchado, sentado en el trono, vuelve a hablar. Su voz es marcadamente autoritaria esta vez, sin perder un ápice de lo diabólico.
- Mataréiss a loss hommbress y loss desscuartizaréiss... violaréiss a las mujeress y lass assessinaréiss... - pausa dramática - ... no necessariamennte enn esse ordennnnn... - nueva pausa dramática - Inncenndiaréiss lass cassass, robaréiss lass armass y capturaréiss loss animaless. Enntre el botínn, enconntraréiss esse colgannte - el encapuchado señala el dantesco objeto en la garra del Rey de los Goblins - enn mannos del jeffe de loss leññadoress, y sse lo arrebataréisss. - una antorcha se prende con fuerza en el pensamiento del Rey - Anntess del albba iráss a ver a Warghzam y le pressentaráss tuss resspetoss... y el colmmillo de ssu cría, claro esstá. - ahora arde como una tea embreada - Al ssaber que ha ssido hallado en mannoss de loss leññadoress y que los gobblinnss lo habéiss reccuperaado, oss esstará aggradeciidoo.
- Hm... ¿Warghzam creerá que un leñador pudo azezinar a zu cría y huir del bozque como zi tal coza?
- Ssolo alguienn que connozcca bienn el bossque podríia habberlo hechoo, y los gobblinnss nno ssonn tann temeerarioss commo para haceerlo. Nno ssonn tann ssuicidass. Warghzam ssabe esso. ¿Qué benneficio obtendríaiss los gobblinns de esso?
- Er... zí, parece razonable... hazta cierto punto...
El encapuchado tarda un momento en responder a la reserva del Rey de los Goblins.
- Ess razonnabble. - es la sucinta contestación - . Warghzam querrá venngarsse de loss humannoss, y le connvenceráss para atacar loss otross pobbladoss de leññadoress al nnoorte y al esste.
Si el pensamiento del Rey de los Goblins pudiera materializarse, haría entrar en ignición la pequeña cámara de piedra desnuda. Que un goblin cavile tanto y prevea un plan ajeno, aún con indicios evidentes como ayuda, es algo casi inaudito, no sucede todos los años.
- Lo que planeaz ez... una campaña a gran ezcala, ¿no ez cierto?
Sentado en el trono de piedra, el encapuchado alza un brazo hacia el Rey de los Goblins con la velocidad del rayo.
-¿Uh? - De pronto, el rostro del Rey queda desfigurado en una mueca de dolor. Una punzada lacerante atenaza su muslo y le hace tambalearse. El brazo del encapuchado desciende, extendido, y con él lo hace el enorme cuerpo del goblin, que arrastrado por una invisible fuerza y el dolor, hinca su rodilla en el suelo y queda postrado, con un gruñido lastimoso. Sólo ahora es el encapuchado igual de alto que el Rey, arrodillado y cabizbajo. Aquel recoge su brazo y lo vuelve a apoyar sobre el trono. El Rey gime al esfumarse el dolor, tan inadvertidamente como apareció, pero no se mueve.
El encapuchado vuelve a hablar con su voz siseante.
- Tenndráss loss detalless a ssu debiido tiemmpo... Por ahoora, connduciráss a tuss gobblinnss al nnorte y al esste, monntanndo a loss huargossss.
- ¿Jinetez de huargoz? - interviene el Rey aún dolorido, con la cabeza agachada - No loz hemoz montado dezde...
- Mienntrasstanntoo - interrumpe el encapuchado, sin prestar atención a la réplica del goblin - yo ammpliarée mmi ejjéercitoo hassta haceerlo innvenncibleeeeee...
El Rey de los Goblins se levanta, sin osar mirar al encapuchado.
- Ahooraa máarchate. Reúunne a tu ejjéercitoo... - las siguientes palabras son pronunciadas con un ansia y malicia incontenibles. - A neew powwer iss rissing... Itss victoryy iss at haannd...
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